Teixim resistències, construïm esperances :: Espais de llibertat

Les Jornades “Per una vida vivible en un món limitat” van ser un punt de trobada de col·lectius feministes, ecofeministes i ecologistes, on vam poder entrecreuar mirades, formes de fer i experiències, tot posant-nos en relació. A la web es recull el desenvolupament de les jornades i els vídeos de les diferents intervencions i taules rodones, amb dones com Yayo Herrero, Míriam Nobre, Alicia Puleo, Verena Stolcke, Lourdes Huanca, Lorena Cabnal, Montse Pineda o Carme Valls.

Tot seguit, la intervenció a la taula rodona “Teixim resistències, construïm esperances”:

Intervención de Betlem Cañizar Bel from perunavidavivibleEP on Vimeo.

Intervención de Betlem Cañizar Bel, Ca La Dona – Espai Feminista en el debate Tejemos resistencias, construimos esperanzas. Respuestas colectivas, propuestas de “nuevos modelos”. ¿Otro mundo es posible? que tuvo lugar en el marco de las jornadas “Por una vida vivible en un mundo limitado” celebradas en Barcelona el 26 y 27 de octubre de 2012.

 

Feminismos, ciudad y radicalidad democrática

El blog Pista Urbana de CatalunyaPlural (elDiario.es) “quiere ser un espacio destinado a recoger debates, propuestas y análisis vinculados a los temas urbanos en un sentido muy amplio, aquí y en todo el mundo. En las ciudades los cambios y las transformaciones se hacen muy evidentes, y por lo tanto son lugares especialmente sensibles para seguir las nuevas dinámicas sociales. Aunque la coordinación del blog corresponde al IGOP, las opiniones que en él aparecen sólo expresan el punto de vista del autor/a o autores/as que firman cada post.”

Fuente: Pista Urbana, 20 de abril de 2015. Betlem Cañizar Bel (@BetlemCBel)

Imatge Jaume Badosa

¿Patriarcat urbà? Jaume Badosa

En estos tiempos de removimiento político, social y económico, muchas personas esperamos o, mejor, promovemos, transformaciones radicales para profundizar en nuestras democracias, entendiendo que uno de los ejes que ha marcado el actual desarrollo de las políticas públicas y el sistema democrático es el patriarcal. Movimientos sociales y candidaturas apuestan por introducir contenidos feministas en sus propuestas y en sus prácticas, algo que hace unos pocos años era impensable. ¿Se está produciendo realmente ese cambio radical?

Montse, una de las firmantes de la campaña Alerta Feminista explicaba en un encuentro de Feminismos y Radicalidad Democrática que Barcelona en Comú (equivalente de Ganemos) ha presentado a primarias 60 propuestas trabajadas entre sus activistas, de entre las cuales se han escogido las 40 prioridades de la candidatura. Entre las 60 propuestas hay algunas que tienen que ver con mujeres y feminismos, y precisamente sólo unas pocas de ellas han salido escogidas en las primarias.

Meses atrás, en Per la Ruptura, proceso asambleario dels Països Catalans que busca la ruptura con el Estado Español (que no con el pueblo) y con el régimen del 78, se nos olvidaron en un borrador de manifiesto, hasta que lo vieron unas feministas y añadieron un muy buen párrafo sobre el patriarcado.

Éstos dos ejemplos, entre muchos otros, coexisten con el reconocimiento de que Barcelona en Comú o Per la Ruptura, como tantos otros movimientos sociales o candidaturas más y menos rupturistas tienen a muchas feministas entre sus activistas, buena parte de ellas, referentes, y han asumido el eje de género o antipatriarcal como uno de sus contenidos sustantivos. Porque, como dice la Alerta, “ la nueva política continuará siendo vieja política si es patriarcal”.

Pero entonces, ¿podemos confiar en las primarias o en las asambleas como mecanismos para decidir programas que no sólo incorporen, sino que den autoridad a las prácticas y saberes acumulados desde los feminismos? Parece que todavía no, por ahora. ¿Significa ello que a menudo las mujeres y/o los feminismos no estamos si no es en párrafos y propuestas concretas, o a través de mujeres concretas? Lamentablemente, a menudo es así.

O sobretodo: ¿es posible romper con el patriarcado, a través de éstas propuestas o del activismo de personas concretas? Más bien se trata, como recordó en el citado encuentro otra amiga de éstos procesos, Carolina, de despatriarcalizar(nos), día a día, poquito a poco.

Para ello es necesario que pasemos de ser medidas concretas a ser medida de todas las concreciones. No la única medida, pero una de ellas, y central. Los feminismos o, a mi entender, también la ecología, no pueden ser, jamás, propuestas que pueden estar, o no estar. Porque de hecho no son propuestas concretas para desarrollar uno u otro aspecto de las políticas (o de nuestras vidas). Son perspectivas, miradas, maneras de hacer, criterios que dan luz a políticas, vidas y relaciones. Van de lo global a lo particular y de lo cotidiano a lo global, contaminando todos los aspectos de la comunidad y las personas.

¿Significa eso que no podemos confiar en la opinión de todas las personas? ¿que no debemos someter a votación los programas, o a discusión en grandes asambleas? ¿Que deben ser elaborados por gente escogida y experta en cada tema? Rotundamente, no. ¿Qué democracia construimos, desde la radicalidad feminista? La democracia consiste en mucho más que en asambleas y primarias. Es algo, por suerte, más complejo.

Por ejemplo, democracia radical es dar autoridad y confianza a las personas que son protagonistas (que no destinatarias ni beneficiarias) de las acciones, así como a los colectivos que llevan años, décadas, siglos trabajando, a la vez que reconocemos que todas las personas tenemos un saber y una experiencia propia, intransferible, absolutamente valiosa para construir comunidad. Es necesario relacionar nuestros saberes para trabajar el bien común des de las diferentes miradas, reconociéndonos y autorizándonos mutuamente conocimientos y experiencias. Y esto es muy diferente de pretender que todas opinemos y decidamos sobre todo.

Puesto que el patriarcado está dentro de todas y cada una de nosotras y nosotros, busquemos las alianzas para quitárnoslo de encima. Por eso, los procesos de construcción democrática que se están dando en tantas ciudades, de la mano de movimientos sociales y candidaturas diversas como las aquí nombradas o tantas otras, tienen una potencialidad enorme para contribuir a un cambio radical en nuestras vidas… o no.


En el camino hacia la radicalidad democrática, el 25 de abril se presenta públicamente en Barcelona la Alerta Feminista. La campaña parte de la necesidad de expresar, exigir y ejercer la centralidad de los feminismos. Se concreta en cinco nodos: dar troncalidad a los feminismos; construir una práctica política y económica centrada en la sostenibilidad de la vida; hacer política en primera persona; acabar con las violencias machistas; y acabar con la cultura de la dominación y la colonización de los cuerpos, la tierra y las culturas.


Post basado en el artículo “Feminismos y radicalidad democrática”, publicado en la web de la Coordinadora Feminista.


Jornades Coms que són quès 》Radicalitats democràtiques des dels feminismes

image

La recomanació d’aquesta setmana és per a la jornada que l’1 de novembre es prepara a Ca la Dona.
Neix del “neguit” d’un grup de dones per a “debatre juntes i reflexionar sobre com fem que tot el nostre llegat de pràctiques,  experiències i relacions sigui un eix vertebrador de les noves propostes de transformació social i no quedi una vegada més fora o minimitzat”

“política de la relació,  despatriarcalització, igualtat,  equitat,  diferència,  autoritat,  compromís,  interdependència… Si volem que l’època que entre totes i tots estem creant se submergeixi en els feminismes, tenim molta feina per davant”

Informació i inscripcions al bloc feminismesradicalitatsdemocratiques.wordpress.com

Conversa amb Itziar González i Frederic Vicent. L’Hora L, Cadena Ser

LHoraL_1311Com diuen a la web de la Ser, a l’Hora L “els dimecres és el dia dels moviments socials, d’escoltar representants del teixit associatiu i d’acostar-nos a les seves lluites. Ens servirà de guia l’arquitecte i exregidora Itziar González, que està impulsant el Parlament Ciutadà.”

El novembre del 2013 es parla de feminismes i de la Campanya pel Dret a l’Avortament, amb Betlem Cañizar Bel. Podeu escoltar els 12 minuts de la conversa aquí.

Conflictes corals. Adaptació per a dues veus (1)

Betlem CaNenaEfeñizar Bel (primera veu) i Mireia Bofill (com a parella interlocutora). Maig 2011. Publicat a La Teranyina 2. Escola Feminista d’estiu 2010

L’altre dia m’ho deien: “i perquè aquesta dona no vol saber res de nosaltres”? Cada vegada que sento aquesta pregunta, o d’altres similars, no ho puc evitar, em sulfuro. Alguna cosa dins meu es revolta. Em fa ràbia que no ens vulguin. Però també em fa ràbia com es formula la pregunta. Em sembla que li donem massa importància, que ens posem transcendentals, que no tolerem la frustració de no poder agradar a totes, que se’ns demana ser perfectes.

I, el que és evident, és que no som perfectes. No perquè no ho puguem ser, sinó perquè ni tan sols ens posaríem d’acord en com definim la perfecció feminista, i per tant, tampoc en com assolir-la.
Tinc una xapa que diu “No vull ser perfecta”. I ja m’ha passat un parell de vegades que dones del feminisme em diuen que la xapa hauria de ser la contrària: “Sóc perfecta”. En tot cas, tot és el mateix, perquè només mirant-me es pot saber que la meva possible perfecció consistiria en ser força imperfecta (no sé respecte a què).

Amb això, potser podríem donar per acabat aquest article sobre els conflictes. La vida és conflicte, el conflicte forma part del dia a dia, de la diversitat, de la diferència, el contrari seria la mort, etc. Però ens allargarem més, ja què, de fet, el tema va ocupar dues hores de debat a l’Escola Feminista d’Estiu, i que jo recordi, un debat força viu, amb sulfuracions diverses per qüestions similars o diferents.

Me n’adono que en els debats feministes (en alguns, almenys) es parla molt d’autoritat femenina, poder, reconeixement, dissens i, lligat a tot això, del partir d’una mateixa. Tenim força discurs, i perquè no, també força pràctica entorn aquests temes, que són elements clau per a la construcció de consensos en molts col·lectius, i també claus per a la gestió dels conflictes.
Si ens hi fixem, a les assemblees de molts col·lectius es practica força tot això del parlar des d’una mateixa, des del propi context, desitjos. Partir de la pròpia experiència i coneixement del món, i donar-li un sentit polític a través de l’intercanvi amb altres que reconeixem semblants a nosaltres, per col·lectivament, defugint plantejaments generalitzadors que ens universalitzen i ens fan desaparèixer. Això només té sentit, però, si es fa en relació i de l’escolta mútua, el reconeixement i l’autoritat de la paraula de l’altra. En cas contrari, en una pràctica desresponsabilitzada del partir d’una mateixa, el “jo crec que”, “jo sento que”, “a mi m’agradaria que” es pot convertir en un diàleg de besugues entre sentiments que no interaccionen i mons paral·lels que pot arribar a generar impotència i agressivitat. Perquè com totes sabem, hi ha altres mons, però estan en aquest.
La meva parella interlocutora comenta que quan això passa és senyal que pel camí hem oblidat que el verb era “partir”de si, no centrar-se o tancar-se en si, sinó al contrari sortir per anar a l’encontre d’altres i del món amb voluntat transformadora, per projectar sobre el món aquest desig i el coneixement que en tenim a través de l’experiència personal. I afegeix, des d’una base d’experiències més llarga que la meva, que els sentiments no es poden discutir, però que podem parlar-ne, intentar anar més enllà de l’acceptació o el rebuig per aprofundir en el coneixement mutu, expressar què ens provoca aquest sentiment de l’altre, perquè un sentiment no és un judici sobre el què passa, sinó l’expressió de com vivim el què passa i el què ens passa. En definitiva, diu, es tractaria, en un món fet d’interelacions, de reconèixer que les altres ens influeixen i que tenim influència sobre elles, vulguem o no vulguem.NenaEfeBN

També passa que quan entrem a un grup, poc a poc anem ocupant un espai, assolint el nostre lloc. Amb el temps aquest lloc pot quedar molt fixat, i els respectius llocs poden no deixar espai ni al propi moviment ni a la incorporació d’altres dones. L’autoritat i la crítica haurien de poder ser mòbils, fluir. Aquest darrer verb és potser una clau per tot plegat, em diu la Mireia: es tracta d’una dinàmica, d’un procés sempre obert, per definició inestable, i per tant on les certeses per força han de ser efímeres, en què el qüestionament ha de ser constant, però alhora és imprescindible no perdre’s, “posar-ho tot en dubte sense dubtar d’una mateixa”: com fer-ho? Potser posant l’accent més en els referents que no en l’essència de cadascuna? Afegint nous elements més que negant-ne d’altres? A veure si m’explico: Tu em dius que sents això i això per tals i quals motius, però has pensat en aquest altre element, has tingut en compte això altre? Entenc/accepto que ho vegis així, però què passaria si desplaces només una mica la mirada? I tu em pots respondre que ja ho has tingut en compte però segueixes veient-ho igual, i aleshores potser soc jo qui haig de canviar la meva percepció sobre tu. I el fet que tu hagis expressat que ho tenies en compte ja m’ho posa més fàcil perquè implica un reconeixement, ni que sigui tàcit. I així anem fent, mil·límetre a mil·límetre.

Es tracta, com sempre, de formes de fer no normatives i que estem aprenent, assajant. I ja no dic col·lectivament, que potser ja portem temps de pràctiques, sinó també individualment. Cada cop que una dona s’incorpora a un col·lectiu, hi ha d’haver espai per a nous aprenentatges. Perquè si algunes porten dècades en la pràctica feminista, altres hi estan començant. Les experiències de cadascuna alimenten les altres, els ritmes de les diferents dones es barregen i els tempos que necessitem per a interioritzar els canvis en la pròpia identitat i en el com fas que el feminisme et provoca, si te’ls provoca, i fins on te’ls provoca. Una altra vegada, no ens podem demanar ser totes perfectes (i una altra vegada, respecte a quina mesura?).
I també nous aprenentatges perquè, al final, estem creant també pensament i pràctica normativa, encara que la considerem alternativa. I tota norma, ja se sap, es pot trencar i conflictuar. M’agrada el resum que en fa la Mireia, tornant a la idea de l’equilibri inestable: una norma només serveix per un moment i una situació concrets, i mentre sigui acceptada per totes les que hi participem.
Més amunt ha sortit l’agressivitat. Sobre ira i agressivitat en les dones potser ja no tenim tant de treball fet. Almenys, en els col·lectius en els que em moc, el cert és que n’he sentit poc a parlar, per no dir gens. Em consta que sí que es treballa en d’altres, partint per començar del reconeixement que les dones també som agressives i afirmant que això és legítim, i que la violència que se’n pot derivar és legítima en segons quins contexts. Atenció, tabú, juju. Els tios es poden cridar a la cara en una reunió, i després donar-se un cop a l’esquena i anar a fer una canya al bar del costat. Les dones se suposa que no ens podem cridar, que si ens barallem no donem cops de puny sinó que estirem cabells, mosseguem i esgarrapem com a gosses que som (indispensable: cabells i ungles llargues). I després, al damunt, se’n riuen de nosaltres perquè no ens sabem barallar com cal.
Perdó, per on anàvem. Sí, que les dones no ens hem de dir les coses a la cara, sinó resoldre-les amb subtileses, i si per un casual ens les diem… de canya al bar res. Plors, i tot el meu món i la meva identitat ensorrades en una dècima de segon. Coses de la socialització patriarcal. Res que no es resolgui amb una mica d’assertivitat, teràpia i amigues feministes (mira aquesta, ni que fos tan fàcil).

La meva parella interlocutora afegeix que la relació és molt més que fer la canya al bar després de fotre’t crits. Que aquí difícilment els homes ens poden servir de model. Que estem al quid de la qüestió, que rau en la importància que donem a la relació. No és una fórmula màgica, sinó al contrari, feina dura, en la què no dubtar de tu mateixa no vol dir no reconèixer la pròpia fragilitat.

En general al moviment feminista no apostem per l’ira com a mecanisme per a moure’ns pel món i resoldre els conflictes, però és difícil dubtar que la tenim, i per tant, cal reconèixer-la.
Per la Mireia aquí hauríem de distingir sentiment de conducta, perquè no hi ha persones agressives, passives o assertives sinó maneres de fer. Potser alguna és agressiva amb certes persones amb qui sent que s’ho pot permetre i passiva en altres situacions, potser la seva agressivitat neix justament d’una llarga experiència de no haver pogut expressar el seu malestar . En fi que no és agressiva en el mateix sentit en què és rossa o morena, alta o baixa. És important desprendre’ns de la idea que les actituds indesitjables formen part de l’essència de la persona que les té, per a poder deixar espai al creixement, a canviar i també a dir no i limitar. Si sents ira/ràbia i no l’expresses d’alguna manera, es tornarà contra tu mateixa, s’acumularà i potser sortirà en algun altre lloc, sense motivació suficient. Per això és important també intentar esbrinar quina part de l’ira té a veure amb la situació del moment i amb la persona que tens davant i quina part ve de situacions anteriors que ens van fer mal i que la situació actual evoca (per exemple: sentir-nos ignorades, poc valorades, menystingudes; és diferent si això li passa a una nena amb una mare, un pare o una mestra, que a una dona adulta amb una companya). I com que es tracta de conductes, podem aprendre i assajar comportaments diferents. Per això potser poden servir-nos les 5 passes d’una conducta assertiva, tal com les descriu un manual de creixement personal escrit per dues dones angleses2: escoltar, demostrar que has entès a l’altra, dir el què penses i el què sents, concretar quin resultat desitjaries aconseguir i considerar les conseqüències que tindrà per a tu i per a les demès persones una possible solució compartida. La teoria diu que aquesta conducta és beneficiosa per qui la desenvolupa encara que l’altra no mantingui la mateixa actitud. De fet la idea d’assertivitat es va desenvolupar com una forma de respondre a l’agressivitat en situacions en què una resposta agressiva no és possible o desitjable i una resposta passiva només perpetuaria la situació (neix als anys 1960 en el context del moviment pels drets civils de la gent negra els Estats Units).3

Parlant de l’ira, una companya del grup de debat de l’Escola Feminista d’Estiu va parafrasejar a Fina Birulés (com s’ho fa la gent per a saber cites de memòria?): no tenim immunitat per a tractar les persones com vulguem, sinó impediment. Sento ira, manifesto que la sento i els motius que tinc per sentir-a (si és que els puc destriar) però no he de traspassar-la a les altres. Si la traspasso, hauria de practicar la reparació. Potser, en un plànol diferent, podem utilitzar el lema de les companyes colombianes: Reconeixement, Justícia i Reparació.
La reparació és important, a part de per motius de justícia i responsabilitat, també perquè, com totes segurament sabem per pròpia experiència, el temps no ho cura tot. El temps, pot resituar les coses, però no les resol. Deixar un conflicte flotant en l’aire, fent veure que no hi és, esperant que passi el temps i ens n’oblidem, no és l’estratègia més adequada. Els conflictes queden fixats, així, en la memòria col·lectiva, passant a formar part de la història dels col·lectius i generant, en el futur proper, ampolles.
I un incís de la Mireia: Se m’acut que aquí potser intervé el fet que la reparació, l’acte de reparar (com a reconeixement del què la nostra ira ha causat en l’altra, tot responsabilitzant-nos dels efectes de les nostres maneres d’actuar) i la voluntat de fer-ho, té efectes no només sobre qui rep la reparació sinó també sobre qui la fa, i potser també sobre les que en són testimonis, i en suma transforma la relació. Deixar passar el temps (un temps prudencial, no una eternitat) pot tenir l’efecte de positiu de permetre’ns veure la situació conflictiva des d’una perspectiva diferent i obrir-la a noves interpretacions. Una cosa es deixar passar el temps a l’espera del moment propici i una altra és tapar el conflicte i intentar enterrar-lo.

Davant de quelcom que no ens agrada se m’acudeixen estratègies diverses. Podem tenir una resposta activa i dir-ho (en el moment o més tard, quan en siguem capaces o el context sigui adequat, perquè la gestió dels conflictes també té a veure amb com ens sentim cadascuna en cada moment); o bé una resposta passiva i callar per sempre més. O bé una resposta perversa i per exemple desencadenar el rumor i la política de passadissos, que genera manipulacions i relacions de poder invisibles. És quan ens trobem allò de “moltes dones diuen que”, “m’han dit que, però no puc dir qui m’ho ha dit”, “sé de bona tinta -i vosaltres no ho sabeu, és clar- que això no agrada”. Comentaris que mai saps com contextualitzar per a poder ajustar el seu significat. Sí, tipus les enquestes del CIS, que sempre que surten penses i això a qui coi li han preguntat, en quin moment, com, i perquè m’ho diuen precisament ara?

Les alternatives que presenta la Parella interlocutora on força més sucoses:
Recolzant-me també en idees i debats previs, i no solament en el què va sortir a l’escola d’estiu, jo distingiria les següents maneres d’afrontar els conflictes, no només dins el moviment feminista sinó també en altres moviments i també en l’àmbit privat, de les quals tenim exemples al llarg de la història del nostre moviment:
La ruptura – des de la idea que les diferències són massa grans i no pot haver-hi acord. I aquí hi ha dues alternatives: la lluita per prevaldre sobre l’altra (amb la voluntat d’imposar la pròpia visió) o girar-li l’esquena i imaginar-nos que estem en mons separats sense res en comú (que faci/facin la seva i jo/nosaltres faré/farem la nostra). Resposta agressiva. Exemples: divisió doblemilitants/independents; feminisme igualtat/feminisme diferència; feminisme institucional/feminisme revolucionari.
La tolerància– una manera més “elegant” o ”políticament correcta” del girar l’esquena; ja sabem que no totes pensem igual, hi ha diferències no mediables, i per tant més val acceptar-ho i respectar-ho: “viure i deixar viure” i si alguna vegada coincidim, millor. Resposta passiva (si pensem que el problema és nostre per no ser prou tolerants) o passiva-agressiva (si en el fons hi ha condescendència: sé que la meva posició és millor, però tampoc m’afecta que n’hi hagi d’altres). Personalment, tendeixo a identificar aquesta posició, malgrat les aparences, amb una negació de l’altre. I penso que per això de vegades genera molta agressivitat en qui se sent negada.
El pacte – reconeixem i acceptem les diferències i intentem arribar a acords buscant el màxim comú denominador (que malgrat el nom, des de la perspectiva de cadascuna també és un mínim). Resposta assertiva. Un exemple pot ser el conflicte “intergeneracional” (si és que existeix, perquè algunes ho neguen) o entre diferents corrents del feminisme (de fet a Granada a la taula central sobre feminisme es va parlar d’arribar a pactes).
O bé deixar el conflicte obert i continuar parlant-ne des del reconeixement que la posició de l’altra m’importa i m’afecta, treballant en l’escolta, i també en l’expressió dels propis sentiments i desitjos, i mantenint-nos obertes a la transformació personal, a la possibilitat que l’altra ens influeixi i ens faci canviar de parer, però sense renunciar per això a defensar el què sentim, pensem i volem (aquesta obertura des de l’autoafirmació, seria el què algunes han descrit com negociació o diàleg “entre si i si”). Aquesta és la resposta que hem anat intentant elaborar partint de posar en el centre la pràctica de la relació. És una resposta per definició inestable, ja que situa en el centre l’evolució i el canvi. No elimina el conflicte sinó que obre les portes a superar-lo passant a un altre estadi de la relació, en el què inevitablement sorgiran nous conflictes i dilemes. La idea del dissens seria una forma de fer suportable aquesta inestabilitat, de donar-li un espai. De moment aquest és un terreny en el què encara ens movem a palpentes.
El que ja sí que no puc suportar, és quan em diuen que les dones som dolentes entre nosaltres (diuen dolentes, però mai conflictives). Estic segura que el fetge se m’infla quan sento això. Em surt l’agressivitat i em poso vermella (però com sóc tan bona nena, no la traspasso, me la menjo, somric, i contesto amb veu melosa -o sigui, que aniré al cel i no a tot arreu). La companya de grup de memòria prodigiosa (sí, tinc enveja, ho reconec) va citar aquest cop a Luisa Muraro dient alguna cosa com que tenim una “manca en la nostra construcció subjectiva des de la confiança en la relació”, que “no hem estat socialitzades per a trobar el propi lloc”, i hem d’anar buscant la nostra posició en cada lloc, i que això no facilita l’elaboració de confiança i l’autoritat relacional de la qual hem estat parlant.
Per què a la vegada que som la madrastra poderosa, l’envejosa, el putón verbenero de l’escala de veïnes, la vella cotilla que espia darrera la finestra, la bruixa menjaamiguesicriatures, també som les encarregades de sostenir la comunitat, de generar els mecanismes per al suport mutu, per a fer xarxes, per a què no s’esquerdin les relacions.
Per la Mireia, potser una altra manera de dir-ho seria que no tenim models, el patriarcat ha creat uns estereotips de dona basat en dicotomies de bones i dolentes, santes i bruixes, i hem de deconstruir aquests models i veure que hi ha de bo i de dolent en cadascun d’ells, i no deixar-nos etiquetar, ni etiquetar-nos. Com deia la Betlem al principi no som perfectes; tampoc som tan bones, i, per tant tampoc tan dolentes. Podem ser bones, dolentes i pitjors. Es tractaria de ser capaces de triar quan volem ser una cosa o l’altra (comportar-nos d’una manera o d’una altra). En qualsevol cas, el què sí és cert és que de vegades ens fem mal, i amb això tornaria a recordar allò de les essències: no som ni bones ni dolentes, però podem tenir comportaments bons o dolents, en el sentit que fan bé o fan mal.

A l’Escola es va insistir en què les feministes no tenim un problema amb el poder, l’autoritat o el conflicte més gran que en d’altres espais polítics. En tot cas, el nostre problema és que situem aquests temes en el centre de la nostra política: perquè els rebutgem, perquè els identifiquem amb el patriarcat, perquè estan poc assentats en la construcció de la feminitat. Així, els fem visibles, generem discurs entorn a ells, i els intentem treballar, amb major o menor fortuna. Segurament, ens queda molta feina per fer, però també pensem que en tenim molta de feta. La Mireia afegeix que potser aquí tenim un avantatge perquè el tema del poder no solament se’ns planteja com una qüestió teòrica o ètica, sinó també vivencial, ja que el poder és incompatible amb la relació a partir de la qual històricament hem construït societat i a través de la qual hem vist que podem aconseguir transformacions importants sense necessitat de conquerir el poder. En el terreny de les relacions personals (i també en general, és clar) jo diria que és important perdre-li la por al poder: només té poder sobre tu aquella persona a qui tu li reconeixes poder, el poder s’imposa a través de la violència però per sostenir-se necessita tenir legitimitat (ser reconegut) i, per tant, és possible desempoderar el poder. Com diu l’Anna Bosch: “el poder es desactiva quan deixa de condicionar la capacitat pensant dels éssers humans de manera que puguin donar valor al que són i trencar els límits que els constrenyen”4.

Podríem parlar també dels conflictes entorn el repartiment dels recursos, dels conflictes intergeneracionals, dels conflictes entre les dones amb un lloc i les dones que busquen lloc dins els col·lectius, dels conflictes ideològics, i també dels conflictes ja no entre nosaltres sinó amb el que és aliè a nosaltres (per exemple, quin lloc té la resposta agressiva i la manifestació de l’ira quan et sents verbalment agredida al carrer?). Molts d’aquests conflictes es van debatre a l’Escola Feminista d’Estiu del 2010, i molts poden tenir resposta (que no necessàriament solució) en el que hem dit anteriorment. Altres són debats que podem anar fent. També podríem afegir que tots aquests conflictes en els grups de dones es barregen amb l’amistat (i l’amor i el sexe), i que això encara ho complica més, que enfrontar el conflicte travessa els afectes. Però ho deixem aquí, per ara, i acabem amb un dels textos que ens van servir per al debat a l’Escola Feminista, que ens agrada especialment. És de Fina Birulés, de la seva ponència De què parlem quan parlem de llibertat femenina? a les jornades del 2006 Sabem fer i fem saber.

“… la llibertat no té a veure amb paraules com ara la de garantia, sinó amb les d’acció o passió, no té a veure amb la idea de la propietat individual, sinó amb la de relació; el mot llibertat no l’hem de vincular amb immunitat, sinó amb l’exposició al contacte i a la contingència, és a dir, no significa immunitat sinó obertura al risc; així com tampoc apunta cap a l’absència d’impediment, sinó a disposició al conflicte.
… sembla com si el món –com si les xarxes de dependència i d’interrelació- no fos res més que un prescindible teló de fons amb l’única funció de destacar l’autèntica vida o identitat del subjecte lliure. Com si el subjecte, sense generar amb això cap mena de ferida o hemorràgia, es pogués entendre amb independència del llenguatge, del cos i de tot allò que excedeix al seu control i que l’exposa al contacte amb els altres.”